Comprando “likes” Posted on January 28, 2026May 19, 2026 By Alejandro Riano Hace unos 10 años teníamos un equipo con colombianos de varios países promoviendo un derecho constitucional en Colombia. Era trabajo de base, de convicción, de tocar puertas digitales con la esperanza de que la gente llegara porque creía, no porque alguien le pagara por aparecer en su pantalla. Hasta que un día, en una charla informal, la persona que ya llevaba ventaja en visibilidad pública me soltó, como quien dice el precio de un café: —“Le he metido como 10 millones en tarjetas a las redes.” Yo me quedé en silencio, tratando de procesar eso de: —¿Cómo así? ¿Acaso esos 100 mil seguidores no son orgánicos? Para los que no viven metidos en este mundo, “orgánico” significa que la gente llega sola, sin empujones de dinero, sin anuncios, sin manipulación de algoritmo. Gente que llega… y se queda. Me respondió: —“Nooo, hermano. Eso no crece así de rápido si uno no le mete billete.” Lo que yo no sabía en ese momento —y lo supe después— es que su verdadera jugada no era el derecho constitucional. Su jugada era aliarse con el candidato que hoy es presidente. Para la gente y para muchos medios, él era “influyente”. Tenía números. Tenía alcance. Tenía “poder político”. Pero lo que en realidad tenía… era presupuesto. Ahí entendí que la vieja y sucia “compra de votos” se había transformado en algo mucho más elegante y mucho más peligroso: la compra de “likes”. Y claro, esos números luego se traducen en legitimidad, en micrófonos abiertos, en sillas en la mesa del poder. Yo pensaba: influyente no… esto es una estafa a la democracia con factura electrónica. Ese fue mi primer golpazo. El momento en que entendí que nuestras democracias ya no solo eran frágiles por la corrupción tradicional, sino por algo peor: la manipulación emocional en masa, silenciosa, constante y perfectamente segmentada. Después llegó The Social Dilemma en Netflix y lo que yo había visto en chiquito, ahí lo vi en 4K: plataformas diseñadas no para informarnos, sino para engancharnos, dividirnos, predecirnos… y vendernos, políticamente incluidos. Y en las últimas elecciones confirmé algo que me dejó frío: ya no necesitas tantos votantes… necesitas ser dueño del tráfico. Es profundamente peligroso que empresas privadas, en manos de billonarios o intereses políticos, controlen cantidades absurdas de datos, emociones y narrativas públicas. No estamos hablando solo de publicidad. Estamos hablando de moldear percepción, rabia, miedo, identidad, enemigo. Por eso a veces pienso —y sé que suena radical— que las redes sociales, cuando alcanzan el nivel de influencia que hoy tienen, deberían dejar de operar como empresas con fines de lucro y moverse hacia una especie de “no-profitización” de plataformas que ya no son entretenimiento, sino infraestructura democrática. No existe. Lo sé. Pero el hecho de que no exista no significa que no sea necesario pensarlo. Ya no seria un dueño, sino la misma gente controlando el algoritmo . Esta semana Francia abrió el debate por los daños de las redes sociales en los niños. Y me parece bien. Es urgente. Pero también deberíamos abrir el debate por los daños de las redes sociales en las democracias. Porque cuando el dinero decide qué ves, qué te indigna, qué te asusta y a quién odias… ya no estamos hablando de libertad de expresión. Estamos hablando de arquitectura de manipulación. Entonces me pregunto, y te pregunto: ¿Vamos hacia una era de “likecracias”, donde gobierna quien controla el algoritmo y no quien convence con ideas? ¿Tendremos redes que, además de vendernos productos, también clasifiquen personas por nacionalidad, estatus migratorio, tendencia sexual o utilidad política? ¿Vamos a permitir que la inteligencia artificial aprenda a manipularnos mejor de lo que nosotros aprendemos a defendernos? Porque si la democracia se decide en servidores que nadie eligió, con reglas que nadie votó, y con intereses que nadie supervisa… entonces no estamos perdiendo solo elecciones. Estamos perdiendo algo más profundo: la capacidad de decidir por nosotros mismos quiénes somos, qué creemos… y hacia dónde queremos ir. Soy #AlejandroRiano desde Wisconsin. Tiempo para pensar y compartir. Ver en Facebook aqui Compártelo First name Email I accept the privacy policy Historias Corrupcionel gran liderlikes
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