Entendiendo Las Jugadas de Dios Posted on July 26, 2026 By Alejandro Riano ¿Sabían que Dios —o el Jefe, como yo le digo— siempre está enseñando? La ventaja de ser un buen observador es que uno puede mirar la vida despacio, con contexto, rápidamente o incluso en “modo Tetris”: acomodando piezas que aparentemente caen sin sentido, hasta que un día encajan perfectamente. Dios, el universo, la energía —como usted quiera llamarlo— tiene muchas formas de hablar. El problema es que la mayoría vivimos en “modo automático”: nos levantamos, trabajamos, corremos, pagamos cuentas, revisamos el celular 72 veces y al final del día ni siquiera recordamos por dónde caminamos. 🤦🏻♂️ Pasamos por la vida sin observar lo que ocurre alrededor… y, en ocasiones, sin entender lo que está ocurriendo dentro de nosotros. “Dios sabe cómo hace sus cosas” es una frase cada vez más común. La repetimos cuando algo no salió como queríamos, cuando perdimos una oportunidad o cuando necesitamos justificar lo que todavía no comprendemos. Pero muchas veces la pronunciamos también en automático. Y sí: Dios sabe cómo hace sus cosas. Pero nosotros deberíamos intentar descubrir para qué las hizo de esa manera. Mucho de lo que sucede puede traer un mensaje, una ruta, un aprendizaje o hasta una alerta. Es como ir manejando y encontrarse con una señal que anuncia una desviación, una vía cerrada, un cruce peligroso o un nuevo camino. El problema es que algunos vemos la señal… ¡y aceleramos! 🤣 Después culpamos al universo porque terminamos dentro de un potrero. He conocido a varias mujeres que, en algún momento de sus vidas, sintieron una enorme necesidad de llamar la atención, exhibir sus curvas, su rostro o alguna parte de su cuerpo. No necesariamente porque fueran malas personas, sino porque quizás todavía estaban buscando afuera la aprobación y el amor que no habían descubierto dentro de ellas. Después llegaron accidentes, enfermedades o situaciones difíciles que cambiaron la relación que tenían con su apariencia. La vida les mostró, de una manera dolorosa, que el cuerpo es importante y merece respeto y cuidado, pero que también es un empaque temporal. La verdadera belleza no desaparece cuando llega una cicatriz, cambia el peso, envejece el rostro o el espejo deja de obedecer nuestros deseos. Hoy puedo decir que todas ellas se transformaron. Ya no necesitan ofrecer su belleza al mejor postor ni vivir esperando la aprobación de las miradas. Aprendieron a quererse, adoran a Dios a su manera y descubrieron algo que ninguna cámara puede capturar completamente: la belleza que nace desde adentro. No creo que Dios mande una enfermedad para castigar la vanidad. Creo, más bien, que incluso dentro del dolor podemos encontrar una enseñanza capaz de reconstruirnos. “Todo pasa por algo” es otra frase típica. Sin embargo, quienes caminan distraídos por el mundo quizás nunca llegan a descubrir ese “algo”. Hace algunos años, una de mis hijas fue voluntaria en un hospital infantil. Allí conoció la historia de una niña que había sufrido varios accidentes. Sus padres la llevaron a montar a caballo y, en algún momento, uno de los animales la pisó. Más tarde, ya en su casa, la niña intentó bajar por las escaleras, cayó y terminó con una pierna fracturada. La llevaron a urgencias y, durante los exámenes, el médico encontró algo mucho más preocupante: había señales de cáncer en sus huesos. Aquella dolorosa secuencia permitió descubrir una enfermedad que posiblemente habría permanecido escondida durante más tiempo. La caída no fue una bendición y la enfermedad tampoco; pero dentro de aquella situación apareció una oportunidad: encontrarla antes y comenzar un tratamiento. Ahí uno entiende que la vida no siempre evita el golpe, pero algunas veces utiliza el golpe para mostrarnos algo que necesitábamos ver. En el afán diario ignoramos mensajes, accidentes, conversaciones, personas, coincidencias y encuentros. Pensamos que todo fue casualidad porque resulta más fácil decir “qué cosa tan rara” que detenernos a preguntar: “¿Qué me quiere enseñar esto?”. Tenemos grabado que un accidente es solamente un accidente; que un error es simplemente un error; que algo que se cayó fue por mala suerte; que un choque ocurrió por casualidad y que el café se regó porque la taza estaba mal puesta. Aunque, siendo honestos, a veces el café sí se regó porque somos torpes. Tampoco podemos culpar al universo por todo. 🤣 Pero incluso esos pequeños momentos pueden obligarnos a detenernos. Y quizás esa pausa era precisamente lo que necesitábamos. No todo acontecimiento es una profecía ni cada tropiezo contiene un código secreto enviado desde el cielo. Sin embargo, todo puede convertirse en aprendizaje si tenemos la humildad de observarlo. Las experiencias que parecen aisladas pueden ser piezas de una guía que nos muestra quiénes somos, cuál podría ser nuestra misión y hacia dónde deberíamos dirigir nuestros pasos. El problema es que queremos respuestas rápidas, mientras Dios trabaja con procesos. Nosotros pedimos un mensaje de texto y Él nos manda una temporada completa con personajes, conflictos, señales y hasta con comerciales. 🤣 Comencé este escrito en enero de 2026. Hoy es 25 de julio y puedo decir que ya me he encontrado con varias personas que entendieron que algunos encuentros no fueron simples coincidencias… fueron “Dioscidencias”. Cuando aprendemos a observar, comenzamos también a comprender qué debemos hacer y para qué apareció determinada experiencia o persona. En mi caso, cada conexión es como un premio. Todo cobra sentido cuando las piezas empiezan a hablar y aquello que parecía desordenado finalmente encuentra su lugar. A veces alguien llega a mi vida buscando una respuesta y termino diciendo palabras que ni siquiera sabía que tenía guardadas. Con los años, esas personas comprenden por qué nos encontramos. Yo simplemente fui un guía temporal del Jefe para ese momento de sus vidas. La conexión llega casi en “circuito cerrado”: el mensaje, la persona y el momento exacto. Pero cada quien lo comprenderá cuando esté preparado, porque no todas las almas despiertan a la misma hora. A algunas les suena la alarma y se levantan; otras la aplazan cinco veces… y algunas hasta desconectan el despertador espiritual. 🤣 No estamos aquí únicamente para existir, pagar facturas, acumular cosas y tomarnos fotografías. Estamos aquí para aprender a mirar, escuchar, transformar y servir. (Sabes tu propósito?…ese es tema de otro post). Tal vez Dios lleva mucho tiempo hablándonos. Quizás no ha guardado silencio. Quizás somos nosotros quienes hemos tenido demasiado ruido por dentro. La próxima vez que algo inesperado suceda, no pregunte solamente: “¿Por qué me pasó esto?”. Pregunte también: “¿Para qué llegó a mi vida?” Porque cuando dejamos de ver la existencia como una colección de accidentes y comenzamos a observarla como una escuela del alma, entendemos que hasta las piezas que parecían equivocadas podían formar parte del diseño. Soy #AlejandroRiano, escribiendo para el Jefe. 😊 Compártelo First name Email I accept the privacy policy Espiritualidad Dios hablandoDiosidencias
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