El Poder de Autocurarse Posted on July 25, 2026 By Alejandro Riano Los científicos encontraron, y siguen encontrando, cosas que hace unos años parecían sacadas de un libro de poesía o de un loco cuántico. Hoy sabemos que nuestras células escuchan, sienten y responden al mundo que las rodea. No tienen oídos… pero sí memoria. No tienen ojos… pero reconocen el ambiente donde viven. Y esa diferencia cambia por completo la forma en que entendemos el cuerpo humano. Ahora, mis amigos científicos, no es que las células se sienten a escuchar un podcast. Lo que ocurre es que reaccionan a hormonas y neurotransmisores, responden a los químicos que nosotros mismos producimos, perciben señales mecánicas como la presión, el movimiento, los estiramientos y las vibraciones (mecanotransducción), y también reciben señales eléctricas, especialmente las neuronas. El cuerpo nunca está en silencio. Siempre está escuchando el mensaje que nosotros mismos le enviamos. Hace algunos años lancé una hipótesis que todavía me sigue persiguiendo. ¿Y si el verdadero poder del ser humano no estuviera afuera sino adentro? ¿Y si nuestras experiencias, nuestros aprendizajes y hasta nuestras cicatrices fueran el combustible para amplificar nuestra propia energía? Creo que todos irradiamos una frecuencia. No hablo de magia. Hablo de la suma de lo que pensamos, sentimos y hacemos todos los días. Para mí existen personas con una energía brillante. Son las que protegen, ayudan, aman, construyen, enseñan, abrazan y tranquilizan. No son perfectas. Simplemente decidieron que su vida no iba a girar alrededor del odio. También existen personas que viven atrapadas en el egoísmo, la mentira, la manipulación, la agresividad o el resentimiento. No siempre porque quieran ser malas. Muchas veces porque llevan tanto tiempo alimentando esa oscuridad que terminan creyendo que esa es su verdadera personalidad. Uno termina pareciéndose a aquello que alimenta todos los días. Observando ese comportamiento durante años encontré algo que me hizo pensar. Muchas de las personas que viven permanentemente en guerra con el mundo también viven en guerra con su propio cuerpo. Mi interpretación es sencilla: cuando el mensaje diario es destruir, atacar, odiar o desconfiar, el primer ser que escucha ese discurso es quien lo pronuncia. La primera víctima de un pensamiento negativo casi siempre es quien lo piensa. También creo que sanar comienza mucho antes del primer medicamento. Comienza cuando uno tiene el valor de mirarse al espejo sin maquillaje emocional. Reconocer el daño que hicimos, pedir perdón, perdonarnos y cerrar las heridas pendientes evita lo que llamo el “efecto hongo”. Una culpa nunca resuelta empieza pequeña. Nadie la ve. Nadie la huele. Pero sigue creciendo en silencio hasta que un día termina pudriendo la paz, la alegría o incluso el cuerpo. No todo lo que enferma duele… al principio. Cuando una persona no disfruta lo que hace, no ama a quien tiene al lado, vive respirando estrés o convierte las mentiras piadosas en su estilo de vida, el cuerpo empieza a pasar la factura. La ciencia ya ha demostrado que el estrés crónico afecta hormonas, defensas y múltiples órganos. Mi reflexión personal es que la incoherencia también deja cicatrices invisibles. El cuerpo habla… mucho antes de gritar. Para sanar creo que necesitamos tres cosas: coherencia, constancia y creer. La coherencia aparece cuando pensamos, hablamos y actuamos en la misma dirección. La constancia convierte esa coherencia en un hábito. Y creer… creer merece otra definición. No hablo de creer como quien memoriza una frase bonita. Hablo de convencerse profundamente de que sí es posible cambiar. Las palabras que repetimos todos los días terminan convirtiéndose en instrucciones para nuestro cerebro. Si cada mañana dices “no puedo”, tu mente buscará pruebas para demostrarte que es cierto. Si dices “voy a encontrar el camino”, también empezará a buscarlo. Las palabras son semillas. El cuerpo siempre termina cosechando algo. Muchas personas desahuciadas pierden primero la esperanza y después las fuerzas. Cuando escuchan “le quedan dos meses”, “ya no hay nada que hacer” o “prepárese para el final”, una parte de ellas empieza a rendirse antes que el cuerpo. La medicina tiene el deber de decir la verdad. Pero también tiene el deber de no matar la esperanza. Porque mientras exista esperanza, el cerebro sigue buscando caminos que ayer no conocía. Y aquí viene una idea que me cambió la vida. Mientras más le entreguemos completamente nuestra salud a alguien externo, menos participamos en nuestra propia recuperación. Los médicos son indispensables. Los tratamientos también. La ciencia ni se discute. Pero el paciente también forma parte del tratamiento. Quiero terminar con una aclaración importante. Varias de estas ideas nacen de años de observación y reflexión personal. Algunas coinciden con descubrimientos científicos sobre cómo las células responden a señales químicas, mecánicas y eléctricas, y cómo el estrés afecta profundamente nuestra salud. Otras, especialmente las relacionadas con la energía o la influencia directa de ciertos pensamientos sobre enfermedades específicas, siguen siendo hipótesis personales que hoy no cuentan con evidencia científica suficiente para afirmarlas como hechos. Y quizá ahí esté lo más hermoso de todo. Hace quinientos años decir que la Tierra giraba alrededor del Sol era una locura. Hace cien años parecía imposible trasplantar un corazón. Hace unas décadas sonaba absurdo pensar que una célula pudiera “escuchar” una vibración mecánica. La ciencia avanza porque alguien se atreve a hacer una pregunta que todos los demás consideran imposible. Tal vez el universo nunca dejó de hablarnos. Tal vez el problema nunca fue el silencio. Tal vez el verdadero desafío ha sido aprender a escucharnos por dentro. Porque al final de la vida no seremos recordados por los órganos que tuvimos… Sino por la energía que dejamos viviendo en el corazón de los demás. Soy #AlejandroRiano escribiendo la cura en palabras 🙏🏼 Más artículos en www.alejandroriano.com Compártelo First name Email I accept the privacy policy Descubriendo Salud Autocurarseespiritualidad
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