Debate o no debate? 🙄 Posted on June 4, 2026 By Alejandro Riano SummaryMientras Colombia se acerca a una de las segundas vueltas más polarizadas de los últimos años, los debates prometen convertirse en el gran escenario donde no siempre gana quien tiene las mejores propuestas, sino quien domina el espectáculo. ¿Está preparado el país para distinguir entre liderazgo y habilidad mediática? Una reflexión sobre política, comunicación, polarización y el verdadero poder del voto cuando las emociones amenazan con imponerse sobre las ideas. Colombia va rumbo a la segunda vuelta y comienza esa etapa donde mucha gente no quiere propuestas, cifras o planes de gobierno. Lo que realmente quiere es ver “sangre en la arena”. Lo digo en sentido figurado, por supuesto, pero basta abrir las redes sociales para darse cuenta de que muchos esperan los debates como quien espera una pelea de campeonato. Y ahí es donde aparece un problema que conozco desde hace años. Hace más de dos décadas, junto a Luis Montoto, creamos un programa llamado El Debate en La Movida. Aprendí algo que sigue siendo cierto hoy: ganar un debate no siempre significa tener la razón. A veces gana quien tiene más información. Otras veces gana quien tiene más coherencia. Pero muchas veces gana quien domina el escenario, controla el ritmo y sabe conectar emocionalmente con la audiencia. Por eso, si uno pone a frente a frente a Cepeda y a Abelardo de la Espriella, sin que ninguno diga una sola palabra, ya existe una ventaja evidente. No porque uno sea necesariamente mejor candidato que el otro, sino porque uno de ellos lleva años desarrollando el arte de convencer audiencias, enfrentar cámaras y convertir cada frase en un titular. Ese es precisamente el riesgo para Cepeda. Caer en la trampa de debates diseñados para generar audiencia puede ser un error estratégico enorme. Peor aún si termina en formatos manejados por “influencers” que jamás han administrado este tipo de confrontaciones y que muchas veces confunden periodismo con espectáculo. Cepeda tiene un estilo académico, estructurado y analítico. Le gusta explicar. Le gusta desarrollar ideas. Le gusta construir argumentos. El problema es que las redes sociales modernas funcionan al revés. Hoy hay que meter una nevera dentro de una mochila en tres segundos y además hacerlo mientras alguien te interrumpe, te graba para TikTok y te convierte en meme antes de terminar la frase. Los debates necesitan rediseñarse. Incluso en Estados Unidos vimos cómo algunos formatos terminaron convirtiéndose en espectáculos donde la velocidad importaba más que la profundidad. En esos escenarios, quienes dominan los mensajes cortos y contundentes suelen tener ventaja. De la Espriella parece entender perfectamente esa dinámica. Tiene la caja de fósforos en la mano y sabe que muchas veces basta una chispa para encender toda la conversación nacional. A veces da la impresión de que leyó el manual completo de Trump y dejó las páginas más polémicas marcadas con resaltador. Mientras tanto, Colombia entra nuevamente en el horno político. Las familias comienzan a dividirse. Los grupos de WhatsApp se convierten en campos de batalla. Los amigos se bloquean. Los vecinos descubren que llevan veinte años viviendo al lado de alguien que piensa distinto. Los expertos aparecen por millones. Los estrategas nacen por generación espontánea. Los magos preparan sus votos, los profetas anuncian catástrofes y los algoritmos hacen horas extras alimentando la polarización. Y cada elección nos recuerda una verdad incómoda: los extremos siempre encuentran la forma de hacerse más ruido entre ellos que el resto del país. Por eso recuerdo algo que dije hace muchos años cuando iniciamos Colombianos en Wisconsin. Mi primer mensaje fue simple: “En CEW no se habla de política ni de religión.” No porque esos temas no fueran importantes, sino porque durante décadas fueron dos de las herramientas más poderosas para dividir a los colombianos. Aquí, lejos de Colombia, teníamos una oportunidad diferente. Una oportunidad para volver a empezar. Aquí no me importaba si alguien había sido guerrillero, paramilitar, político, sacerdote, empresario o campesino. Aquí no importaban las etiquetas que nos separaban. Aquí solo importaba una cosa: que éramos colombianos y que nos íbamos a ayudar. Hoy sigo creyendo lo mismo. Las campañas pasarán. Los candidatos pasarán. Los debates pasarán. Los titulares desaparecerán. Pero Colombia seguirá ahí cuando se apaguen las cámaras y termine el ruido. Por eso, más allá de las emociones del momento, vale la pena pensar el voto con calma, analizar los riesgos, cuestionar las promesas y ejercer ese derecho que tantos quisieran tener y no pueden. Porque la distancia puede alejarnos del territorio, pero nunca debería alejarnos de la responsabilidad. Y porque una democracia no se construye a gritos en un debate, sino con millones de ciudadanos que deciden participar cuando llega la hora de marcar una casilla. Soy #AlejandroRiano hablando de lo que se no se dice en una democracia en peligro. Compártelo First name Email I accept the privacy policy Opinion 2026colombiaDebateDebate o no debate?Elecciones ColombiaElecciones2026Ivan Cepeda
Opinion “Ganaremos en primera vuelta” Posted on June 1, 2026 Con un trabajo récord de la Registraduría de Colombia, en pocas horas el país supo quiénes serían los dos candidatos que pasan a la final presidencial. Y los resultados me dejaron con los ojos así: 😳 Hace apenas unas semanas, muchas encuestas daban a Cepeda como ganador en primera vuelta…. Compártelo Read More